MONSTRUOS

 

De nuevo toda la familia se reunía en la casa de los abuelos. Al igual que venían haciendo en periodos estivales. Esta vez, el motivo eran las entrañables fiestas navideñas. Primos, hermanos, tíos y sobrinos, iban llegando poco a poco y se iban instalando en aquella casa enorme, con habitaciones para todos. Allí convivían unos días en perfecta armonía y felicidad, como una familia modelo, como mandan los cánones más clásicos.

La abuela montaba todos los años un gran árbol de Navidad, decoraba la casa y preparaba una suculenta y costosa cena de Nochebuena. Mientras que el abuelo, presumía de los logros académicos de los nietos con sus amistades y de la carrera profesional de casi todos sus numerosos hijos.

Sin embargo, la pequeña María, que estaba a punto de cumplir seis años, no quería volver a la casa de sus abuelos. No mostraba ningún interés por jugar con sus primos ni pasar unos días, de nuevo, en familia. Tenía todavía el mal recuerdo del pasado verano. El último verano que pasó en aquella casa.

-          Mamá, mamá en la casa grande de los abuelos habita un monstruo. Me visita por las noches y no me deja llamarte – decía María.

-          Cariño, no digas tonterías. Los monstruos no existen. Lo que te ocurre es que extrañas la casa, echas en falta tu cama, tu habitación. Dormirás con tu muñeca favorita, como este verano para que no pases miedo, ya verás.

-          Mamá, tengo miedo. No me dejes dormir sola esta noche en la casa de los abuelos, por favor.

“ay esta niña, tiene celos de su hermano pequeño y se inventa historias”, pensaba su madre.

No sirvieron de nada, los ruegos de María.

Los padres de María llegaron felices a la casa de sus vástagos para pasar unos días. Ya era de noche y llevaron a María a una habitación.

-          Quédate conmigo, mamá, tengo miedo.

-          Ya no eres un bebé. Verás, mamá va a mirar debajo de la cama y en el armario para que veas que, en la casa de los abuelos, ni en ninguna casa existen los monstruos. Toma tu muñeca y duérmete. Además, sabes que tengo que atender a tu hermano pequeño. Hemos viajado muchas horas en coche para llegar hasta aquí. Estarás cansada, así que a dormir.

 

María se tapó la cabeza con las mantas. “No voy a tener miedo” se decía así misma.” Voy a ser valiente e intentaré dormirme”. Y efectivamente, funcionó. María se durmió. Esa primera noche no vino el monstruo a verla. “Quizá ya no vuelva”, se decía. Quizá tan solo me visita en verano. Tampoco vino a verla la segunda noche. Quizá el monstruo la había olvidado. Y María cogió confianza en sí misma y empezó a estar a gusto en casa de sus abuelos.

Pero a la tercera noche, en la oscuridad cuando todos dormían, el monstruo vino a verla. Y se metió en su cama. Le tapó la boca, como otras veces. Le dijo que tenía muchas ganas de verla, que tenía que ser una niña buena, como en verano, cuando lo pasaban tan bien juntos.  No debía gritar y por supuesto, no decirle nada a nadie, de lo contrario, su madre y su hermano pequeño correrían un grave peligro. El monstruo amenazaba con hacerles mucho daño.

 

María permanecía en silencio, asustada con lágrimas en los ojos.

Sentía el aliento del monstruo cerca de su boca, en sus oídos, su voz ronca. Su olor a tabaco y a alcohol. Deslizaba sus grandes manos por todo su cuerpo. Le quitó el pijama. Le bajó sus braguitas. Aquello, le dolía, le dolía mucho pero solo quería que pasara cuanto antes. Estaba tan aterrada que se quedaba inmóvil, sin saber que decir ni que hacer.

No diría nada a nadie, no gritaría, su hermanito y su madre estaban en peligro si lo hacía. Solo quería que aquello pasara cuanto antes, sabía que así el monstruo se marchaba.

A la mañana siguiente, la familia se reunía en la cocina para desayunar. María se levantó muy tarde y bajó sola. Se abrazó a su madre.

 

-          “María, no seas maleducada y saluda al tío que llegó anoche de Alemania” “Dios mío Es tan tímida está hija mía, discúlpala “

 

Y empujada por su madre, con un nudo en la garganta sin poder hablar, temblorosa y muerta de miedo, María besó el rostro del monstruo que la visita por las noches en casa de sus abuelos.

 

Maribel Domínguez Duarte

15 de diciembre de 2024

 

 

 


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